«Los espíritus del pasado» vuelven a ocupar la Puerta del Sol. Quince años después del 15-M, las tiendas de campaña han regresado al corazón de Madrid. ¿Estamos ante una protesta más o ante el intento de reconstruir un movimiento político que necesita volver a encontrar su espacio?
Hay imágenes que tienen memoria. La Puerta del Sol llena de tiendas de campaña vuelve a traer a la memoria colectiva aquella primavera de 2011 en la que el 15-M convirtió esta plaza en el epicentro de una protesta que terminó alterando profundamente el mapa político español.
Quince años después, los fantasmas vuelven a Sol.
Esta vez el detonante ha sido el desahucio de Maricarmen, una mujer de 87 años, y la protesta contra la situación de la vivienda. La manifestación del sábado desembocó en una acampada que ha continuado durante la madrugada. Centenares de personas han permanecido en la plaza, donde se instalaron tiendas de campaña.
Pero hay una frase que convierte esta protesta en algo políticamente más interesante: «O cae el rentismo, o cae el Gobierno». No es una interpretación propia. Es el lema con el que el Sindicato de Inquilinas llamó a permanecer en Sol.
La propia organización ha dejado claro que no considera que esto termine con una manifestación de un día. La acampada continúa y sus convocantes pretenden mantener la presión para que el Gobierno adopte nuevas medidas en materia de vivienda.
Aquí es donde empieza la verdadera cuestión política.
La izquierda alternativa lleva tiempo buscando cómo recuperar un espacio que el PSOE de Pedro Sánchez ha ocupado en buena medida. Podemos, Sumar y otras organizaciones situadas a la izquierda de los socialistas necesitan diferenciarse para mantener una identidad política propia. Y la vivienda ofrece un terreno especialmente fértil para esa reconstrucción.
No hace falta afirmar que exista una conspiración perfectamente organizada detrás de la acampada. Tampoco que todos los participantes respondan a una estrategia partidista. Lo que sí puede observarse es que una reivindicación concreta ha adquirido rápidamente una dimensión política más amplia: se reclama un cambio de modelo de vivienda y se dirige una presión explícita contra el Gobierno.
Eso ya ocurrió, con otras circunstancias, en 2011.
El 15-M tampoco nació como una operación electoral convencional. Pero aquella movilización terminó generando un nuevo espacio político y contribuyó a transformar la relación entre la calle y las instituciones. Ahora, en la misma plaza, vuelve a aparecer una fórmula conocida: protesta, acampada, consignas y presión política.
Karl Marx escribió en El 18 Brumario de Luis Bonaparte que, en determinadas épocas de crisis, los protagonistas «conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado», tomando prestados sus nombres, sus consignas y sus ropajes.
Quizá Sol esté haciendo precisamente eso.
Pero el momento merece también atención.
El Gobierno llega a este otoño sometido a una fuerte presión política por distintos frentes. La crisis de Ceuta y los distintos casos judiciales y acusaciones de corrupción que afectan al entorno del Ejecutivo han aumentado el desgaste político de Sánchez. En ese contexto, la izquierda que teme perder todavía más espacio tiene un incentivo evidente para intentar recuperar iniciativa, presencia pública y capacidad de movilización.
La vivienda puede ser su oportunidad.
Y aquí aparece el problema del calendario para Sánchez.
Cuanto más tiempo permanezca abierto el escenario político, mayor será el margen para que sus competidores a la izquierda reconstruyan organizaciones, liderazgo, discurso y presencia en la calle. Una protesta que hoy tiene como símbolo a Maricarmen puede convertirse mañana en una plataforma mucho más amplia contra la política de vivienda del Gobierno.
Además, el Ejecutivo tiene previsto abordar esta semana nuevas medidas sobre vivienda. La acampada llega, por tanto, justo cuando el Gobierno debe responder políticamente a una movilización que ya le exige resultados.
Sánchez se encuentra así ante una doble presión. A su derecha tiene una oposición que pretende desgastarlo; a su izquierda, unas fuerzas que necesitan recuperar el espacio que el PSOE les ha ido ocupando.
Y cuanto más tiempo pase, más oportunidades tendrán estas últimas para reorganizarse.
Por eso la cuestión no es únicamente qué ocurrirá en Sol.
La verdadera pregunta es cuánto tiempo tendrá esta movilización para crecer, organizarse y encontrar un relato político propio.
En 2011 nadie sabía, cuando aparecieron las primeras tiendas, hasta dónde llegaría aquello.
Ahora tampoco.
Pero los fantasmas tienen memoria.
Y esta vez han vuelto a la Puerta del Sol.
Luis Faraco Roldán.



Estimado Profesor, que bueno eres, eres un máquina, y lo que me has hecho sonreír, no tiene precio.
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