El derecho de los españoles a reunirse y expresar pacíficamente su solidaridad con Ceuta no debería convertirse en una cuestión de permiso político.
La noticia de que la Delegación del Gobierno ha impedido determinadas concentraciones de apoyo a Ceuta merece una reflexión.
Porque la libertad de expresión y el derecho de reunión no son una concesión del Gobierno de turno. Son derechos fundamentales de los españoles.
Y resulta difícil entender la paradoja: mientras ciudadanos de toda España quieren reunirse pacíficamente para decir que Ceuta no está sola, la Administración del Estado encuentra la manera de impedir determinadas convocatorias.
Que se discuta quién tiene capacidad jurídica para convocar un acto es una cuestión administrativa. Pero otra cosa es el mensaje político que termina llegando a los ciudadanos.
¿De verdad el Gobierno cree que la solidaridad con Ceuta debe ser limitada, regulada o discutida en función de quién presenta un escrito?
Ceuta no necesita permiso para ser española.
Y los españoles no deberían sentirse obligados a pedir permiso político para expresar pacíficamente su apoyo a una ciudad española.
Si la convocatoria inicial encuentra obstáculos administrativos, la respuesta democrática no debería ser la resignación.
Debería ser la participación.
Que mañana, en cada pueblo y en cada ciudad donde sea posible, los ciudadanos expresen pacíficamente su solidaridad con Ceuta.
No contra nadie.
No para alimentar el odio.
No para provocar enfrentamientos.
Para decir algo mucho más sencillo: Ceuta no está sola.
Y quizá esa sea la mejor respuesta política que hoy pueden dar los españoles.
Una respuesta cívica, democrática y pacífica.
Una especie de moción de censura popular.
No una moción parlamentaria, porque los ciudadanos no necesitan escaños para expresar lo que piensan.
Una moción de censura en las calles.
La que se produce cuando un Gobierno deja de representar un sentimiento ampliamente compartido y los ciudadanos deciden expresar públicamente que quieren otra actitud, otra firmeza y otra manera de defender aquello que consideran común.
Mañana puede hablar España.
Y cuanto más serena, democrática y masiva sea su respuesta, más difícil será ignorar el mensaje:
¡¡CEUTA NO ESTÁ SOLA!!
Luis Faraco.

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