domingo, 1 de noviembre de 2026

EL SACRIFICIO DE ÓSCAR PUENTE.






¿Un ministro en el puesto de mando o un cortafuegos para proteger a Pedro Sánchez?


«The Buck Stops Here» (La responsabilidad termina aquí).

— Harry S. Truman


La crisis ferroviaria ha entrado en una nueva dimensión. Después de las tragedias de Adamuz y Urda, la cuestión ya no es solamente qué ha ocurrido, qué falló en los mecanismos de seguridad o quién deberá responder ante la justicia. Hay otra pregunta que empieza a abrirse paso en el debate político: ¿hasta cuándo piensa Pedro Sánchez mantener a Óscar Puente al frente del Ministerio de Transportes?


Lo significativo es que la exigencia de responsabilidades ya no procede exclusivamente de la oposición. El PNV ha reclamado al presidente que adopte medidas políticas al máximo nivel, incluida la posibilidad del cese o la dimisión del ministro. Ada Colau, desde el Frente Amplio, ha pedido formalmente su renuncia. No son precisamente voces ajenas al espacio parlamentario que ha permitido al Gobierno sacar adelante buena parte de sus iniciativas.


Puente, sin embargo, descarta dimitir. Ha asegurado que su manera de asumir responsabilidades es dar la cara y que cuenta con la confianza de Sánchez. Incluso ha reconocido que puso su cargo a disposición del presidente y que este rechazó su salida por considerarla injusta.


Pero conviene no confundir dos cuestiones. Una cosa es determinar las responsabilidades técnicas, judiciales o penales de los accidentes, y otra muy distinta es valorar la responsabilidad política de quien dirige el departamento del que depende la gestión ferroviaria.


No hace falta esperar a una sentencia para exigir explicaciones políticas.


Y aquí aparece una hipótesis que no deberíamos descartar: que Sánchez esté calculando el momento adecuado para sacrificar a su ministro. Mantenerlo mientras absorbe el desgaste de la crisis y, cuando el coste político y electoral resulte demasiado elevado, cesarlo para transmitir a la opinión pública la imagen de un presidente que escucha, reacciona y exige responsabilidades.


Sería una operación de control de daños. Una inmolación política destinada a proteger al presidente.


El precedente de José Luis Ábalos invita a recordar cómo gestiona Sánchez estas situaciones. En julio de 2021 lo destituyó como ministro sin ofrecer explicaciones públicas sobre los motivos. Entonces Ábalos no estaba investigado por el caso de las mascarillas. Dos años después, el PSOE volvió a incluirlo en sus listas por Valencia y regresó al Congreso. La trama que acabaría llevándolo ante la justicia estalló en 2024.


No estoy equiparando situaciones judiciales diferentes. Estoy recordando un precedente político que merece ser tenido en cuenta.


Si Puente termina saliendo del Ministerio, habrá que observar también qué ocurre con su candidatura al Congreso por Valladolid. Su nombre figura como cabeza de lista socialista para las elecciones del 29 de noviembre. Si deja de ser considerado adecuado para dirigir Transportes, ¿seguirá siendo idóneo para representar al PSOE en las Cortes?


Pero hay algo que todavía está en su mano. El próximo martes comparecerá ante la Diputación Permanente del Congreso. ¿Por qué no adelantarse a esa comparecencia y anunciar personalmente su dimisión?


Sería un gesto de grandeza política. Una decisión que le permitiría asumir personalmente el coste de su salida, en lugar de esperar a que el presidente decida cuándo y cómo prescindir de él. También evitaría que su marcha pareciera una operación diseñada exclusivamente para contener el desgaste electoral del Gobierno.


No parece, por ahora, que esa sea su intención. Sánchez mantiene su respaldo y Puente asegura que no contempla dimitir. Pero la política también está hecha de decisiones inesperadas. Todavía tendría la oportunidad de convertir una salida eventualmente forzada en una decisión propia.


Truman entendía que quien ocupa la máxima responsabilidad no puede limitarse a trasladarla a sus subordinados. Ese principio debería servir también para recordar que un ministro puede responder por su departamento, pero el presidente responde por su Gobierno.


Sánchez puede sacrificar a Óscar Puente. Lo que no puede hacer es pretender que, con su sacrificio, queda saldada la responsabilidad de Moncloa.


Luis Faraco Roldán.