lunes, 28 de septiembre de 2026

EL GOBIERNO CONTRA EL GOBIERNO.






Hay escenas que parecen escritas por un guionista empeñado en llevar el esperpento político hasta sus últimas consecuencias.


Una vicepresidenta del Gobierno alentando a los ciudadanos que acampan en la Puerta del Sol a mantener e intensificar la presión para exigir a su propio Gobierno un decreto de vivienda más contundente.


Pero no es una exageración. Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, ha reclamado que el decreto que el Consejo de Ministros tiene previsto aprobar el martes «meta mano» a los fondos de inversión y ha dado la bienvenida a la acampada de Sol, animando a sus participantes a movilizarse «mucho y más». También ha advertido de que Sumar no aceptará cualquier decreto. 


La imagen resulta difícil de mejorar: una parte del Gobierno presionando públicamente a otra parte del Gobierno.


Hay una vieja frase atribuida a John Galsworthy que dice: «Sólo hay una regla para todos los políticos del mundo: no digas en el poder lo que decías en la oposición».


Yolanda Díaz parece haber encontrado la excepción: estar en el poder y hablar desde la oposición.


Porque la cuestión ya no es solamente la protesta de Sol. Lo ocurrido durante este fin de semana ha revelado una pugna mucho más profunda dentro del espacio político que sostiene a Sánchez.


La portavoz del Sindicato de Inquilinas ha advertido de que, si el martes no sale adelante el decreto en los términos que reclaman, se abrirá una «crisis política muy grande». Y Podemos ha pasado también a la ofensiva. Ione Belarra e Irene Montero han respaldado la acampada y han anunciado un «otoño de movilizaciones que puede cambiarlo todo», reclamando ir «mucho más lejos de lo que quiere el Gobierno». 


Ya no estamos, por tanto, ante una protesta que los partidos observan desde fuera.


Los partidos han entrado en ella.


Y aquí aparece la verdadera batalla: quién representa a la izquierda.


Podemos necesita recuperar el terreno perdido. Sumar necesita consolidar su propio espacio. Y el PSOE necesita conservar una parte importante del electorado situado a su izquierda. Todos compiten, con distintas estrategias, por una zona electoral en la que cada voto puede resultar decisivo.


La vivienda ofrece un terreno extraordinariamente fértil para esa disputa.


No hace falta afirmar que Podemos o Sumar hayan organizado la acampada. Basta con observar lo que está ocurriendo: una reivindicación social ha adquirido una dimensión política, y las fuerzas situadas a la izquierda del PSOE están intentando convertir esa protesta en una palanca para presionar al Ejecutivo. Podemos, de hecho, ha rechazado las negociaciones del Gobierno con Junts sobre el decreto y ha anunciado que seguirá presionando desde la calle. 


Yolanda Díaz se encuentra en una posición todavía más singular. No habla desde la oposición: forma parte del Consejo de Ministros que tendrá que aprobar el decreto.


Su mensaje, por tanto, tiene una doble lectura. Por un lado, expresa una discrepancia legítima dentro de una coalición. Por otro, transmite a la calle que debe seguir presionando al propio Ejecutivo del que ella forma parte.


Eso coloca a Pedro Sánchez ante un dilema incómodo.


Si el Gobierno aprueba un decreto que satisface ampliamente las exigencias de sus socios y de las organizaciones movilizadas, estos podrán presentar la presión de la calle como un factor decisivo. Si el decreto se queda corto, la protesta tendrá un nuevo argumento para continuar.


Y mientras tanto, Sánchez tiene que negociar con sus socios, con Junts y con el resto de los grupos parlamentarios, intentando evitar que cada concesión se convierta en una derrota política.


Pero hay otra cuestión que no deberíamos perder de vista: el calendario.


Para el presidente, cada semana de legislatura es tiempo para gobernar. Para sus competidores de la izquierda, también puede ser tiempo para reorganizarse, recuperar presencia pública y reconstruir una estructura política que en los últimos años ha perdido buena parte de su fuerza.


Por eso Sol importa más de lo que pueda parecer.


La cuestión no es únicamente el decreto de vivienda. Es si esta protesta consigue mantenerse, extenderse y convertirse en un movimiento capaz de devolver protagonismo a quienes necesitan recuperar espacio frente al PSOE.


Y aquí aparece la paradoja.


Sánchez necesita que sus socios de izquierda permanezcan dentro de su mayoría parlamentaria. Pero esos mismos socios necesitan demostrar ante su electorado que son capaces de presionar a Sánchez.


Necesita gobernar con ellos y, al mismo tiempo, competir con ellos.


Ahí está el verdadero problema.


La derecha intenta desgastar al Gobierno desde fuera. La izquierda alternativa intenta recuperar terreno desde dentro y desde la calle.


Y el presidente queda atrapado entre ambas presiones.


Ayer hablábamos de los fantasmas del 15-M.


Hoy la cuestión es distinta.


Ya no se trata solamente de quién ocupa la Puerta del Sol.


Se trata de quién consigue ocupar el espacio político que hay detrás de ella.


Luis Faraco Roldán.

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