viernes, 11 de septiembre de 2026

SÁHARA Y MARRUECOS: ¿CON QUIÉN ESTÁ REALMENTE SÁNCHEZ?





Esta es una incoherencia más —y ya van unas cuantas— del Gobierno de Sánchez, que camina como pollo sin cabeza. O, quizá, pretende poner una vela a cada santo para engañar a todos y seguir aferrado a la Moncloa.


En 2022 Sánchez dio un giro histórico en la política española sobre el Sáhara y asumió la propuesta marroquí de autonomía como «la base más seria, creíble y realista» para resolver el conflicto.


Y ahora su Gobierno impulsa la concesión de la nacionalidad española a decenas de miles de saharauis y a sus descendientes.


Pues habrá que preguntarle a Sánchez cómo se compaginan ambas cosas.


Si el futuro del Sáhara que él defiende pasa por una autonomía dentro de Marruecos, ¿cómo explica que ahora trate a los saharauis como un colectivo con un vínculo nacional español específico que hay que recuperar y extender incluso a sus descendientes?


Porque una cosa y la otra no casan.


No se puede estar a la vez con Marruecos y con los saharauis dependiendo de dónde sople el viento.


Y esta política errática, unida al enfrentamiento permanente con nuestros socios naturales, tiene inevitablemente un coste: desconcierto, desconfianza y pérdida de credibilidad de España en el concierto internacional.


La política exterior y la diplomacia son asuntos demasiado serios como para convertirlos en un ejercicio permanente de improvisación y oportunismo.


Y lo que estamos viendo hacer a este presidente y a este ministro de Exteriores se parece cada vez menos a una política exterior de Estado y cada vez más a una representación de bufones.


España merece algo bastante mejor.


«Es siempre un error en diplomacia presionar un asunto cuando está claro que no se puede avanzar más.»

— Winston Churchill


Luis Faraco Roldán

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