La crisis de Ceuta que el Gobierno ya no puede esconder
La crisis sufrida por Ceuta los días 30 y 31 de julio no puede quedar sepultada bajo declaraciones contradictorias, comunicados oficiales y nuevas explicaciones.
Hoy conocemos la existencia de informes y análisis policiales previos relacionados con los acontecimientos y vinculados a las actuaciones que se siguen en la Audiencia Nacional.
La pregunta, por tanto, ya no es si existió información.
La verdadera pregunta es:
¿QUIÉN LA CONOCÍA Y QUÉ HIZO CON ELLA?
Las advertencias existían. El análisis de riesgo existía. Y España tiene derecho a saber cuál fue el recorrido de aquella información dentro del Estado.
Lo que ahora debe explicar Marlaska.
La reacción del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, de madrugada, ha añadido una nueva y extraordinaria gravedad al asunto.
Marlaska ha pedido explicaciones al director general de la Policía sobre la información conocida y sobre cuándo disponía la Policía de ella.
Pero esa iniciativa, lejos de resolver el problema, plantea una cuestión todavía más inquietante:
¿Cómo es posible que el ministro del Interior tenga que preguntar ahora a la Policía qué sabía la propia Policía sobre unos hechos de semejante trascendencia?
Aquí se abre un dilema político del que resulta difícil escapar.
Si la información estaba en poder de la Policía y no llegó al ministro, alguien debe explicar un fallo de tal gravedad en la cadena de mando y de información.
Y si Marlaska conocía, o debía conocer, aquella información, tendrá que explicar por qué ahora aparece públicamente preguntando por ella.
Porque un ministro puede ignorar un informe. Lo que no puede ignorar son las consecuencias de no haberlo conocido.
La pregunta que queda en el aire es, por tanto, inevitable: ¿qué ha fallado en el Ministerio del Interior y quién debe responder por ello?
El director general de la Policía debe responder si una información de esta trascendencia no fue trasladada al ministro.
El ministro del Interior debe responder si conoció información relevante, si tenía la obligación de conocerla o si sus declaraciones públicas no reflejaron todo lo que se sabía.
Y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tampoco puede permanecer al margen.
Una crisis de esta dimensión no puede terminar reducida a una discusión entre un ministro y uno de sus subordinados. Si se ha producido un fallo grave en la cadena de información del Estado, el máximo responsable político del Gobierno debe explicar qué ocurrió.
José Manuel Albares debe aclarar igualmente qué información manejó el Ministerio de Asuntos Exteriores y cuál fue la respuesta diplomática ante unos acontecimientos que afectan directamente a una frontera española.
Ceuta exige respuestas.
La investigación judicial deberá establecer todos los hechos y determinar, en su caso, las responsabilidades jurídicas.
Pero las responsabilidades políticas tienen su propio terreno y no pueden quedar suspendidas indefinidamente.
Los ciudadanos tienen derecho a saber qué ocurrió.
Ceuta tiene derecho a conocer qué información existía antes de aquellos días y qué decisiones se tomaron cuando la ciudad española afrontó una crisis de una dimensión extraordinaria.
Porque Ceuta no es una periferia.
Ceuta es España.
Y los ceutíes tienen el mismo derecho a la seguridad, a la protección y a la defensa del Estado que cualquier ciudadano del resto del territorio nacional.
La cuestión ya no es si habrá responsabilidades.
La cuestión es quién va a asumirlas.
Si el director general de la Policía no informó al ministro de una cuestión de esta gravedad, deberá responder por ello.
Si el ministro conocía, o tenía la obligación de conocer, información relevante y ahora pretende situarse fuera de la cadena de responsabilidades, deberá dar muchas explicaciones.
Y si todo esto revela un fracaso político de mayor dimensión, el presidente del Gobierno no puede permanecer al margen.
Hoy, más que nunca, España necesita saber la verdad.
No nuevas versiones.
No más contradicciones.
La verdad.
CEUTA EXIGE LA VERDAD.
CEUTA EXIGE SEGURIDAD.
CEUTA EXIGE QUE ESPAÑA LA DEFIENDA.
CEUTA NO SE RINDE.
CEUTA SE DEFIENDE.
TODOS SOMOS CEUTA.
Luis Faraco Roldán.




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