«La contradicción es el homenaje que el error rinde a la verdad».
Hay apenas dos minutos de una entrevista que sirven como una extraordinaria medida de lo que es Pedro Sánchez.
Dos minutos.
Dos minutos bastan para comprobar cómo el presidente del Gobierno convierte una pregunta sobre una posible visita del Rey a Ceuta y Melilla en un reproche al jefe del Estado. Y cómo, en apenas unos segundos, queda atrapado en una contradicción de la que resulta difícil escapar.
Todo comienza con una afirmación que merece ser subrayada.
Pedro Sánchez dice:
—El Rey lleva reinando más de veinte años.
No.
Felipe VI fue proclamado Rey de España el 19 de junio de 2014.
Lleva poco más de doce años reinando.
Y Pedro Sánchez lleva más de ocho de esos doce años como presidente del Gobierno.
Mariano Rajoy estuvo menos de cuatro años al frente del Ejecutivo durante el reinado de Felipe VI.
El dato no es menor.
Sánchez ha gobernado durante más de dos tercios del reinado de Felipe VI.
Y, sin embargo, habla de «más de veinte años».
Puede ser un error.
Si lo es, resulta difícilmente explicable que el presidente del Gobierno se equivoque en algo tan elemental como los años de reinado del jefe del Estado con el que lleva más de ocho años despachando.
Pero existe otra posibilidad.
Que no sea un error inocente.
Que alargar artificialmente el reinado hasta los veinte años tenga una utilidad política: presentar la ausencia de visitas del Rey a Ceuta y Melilla como una responsabilidad exclusivamente suya y diluir un hecho incómodo.
Durante más de ocho de los doce años del reinado de Felipe VI, el Gobierno de España ha estado presidido por Pedro Sánchez.
Y entonces llega la pregunta:
—¿Cuántas veces ha ido el Rey a Ceuta y Melilla?
La respuesta es conocida.
Ninguna.
Sánchez adopta entonces un tono muy distinto al de otros momentos de la entrevista. Interrumpe. Corrige. Insiste.
—No, no, discúlpeme. Pero discúlpeme.
Después:
—No, no, escúcheme. Escúcheme.
Y poco a poco aparece una contradicción que merece toda la atención.
Sánchez asegura que existen «argumentos y razones suficientes» para que el jefe del Estado visite «por fin» Ceuta y Melilla.
Afirma que ha hablado de ello con el Rey.
Y asegura que la visita se realizará.
Pero cuando se le pregunta cuándo, responde:
—Cuando se den las condiciones para ello.
Y remata con la frase fundamental:
—Esa visita se hará. Y es una visita que, lógicamente, tendremos que coordinar y trabajar, pues, la Casa Real en este caso y el Gobierno de España.
Ahí está todo.
Si la visita del Rey a Ceuta y Melilla requiere coordinación y trabajo entre la Casa Real y el Gobierno de España, ¿por qué Pedro Sánchez convierte la ausencia de esa visita en un reproche dirigido exclusivamente al Rey?
La pregunta resulta todavía más incómoda cuando recordamos que Sánchez lleva más de ocho años presidiendo ese Gobierno.
Porque entonces la cuestión debería ser otra:
¿Qué ha hecho Pedro Sánchez durante más de ocho años para facilitar esa visita?
¿Qué ha impedido que durante esos años se dieran las condiciones que ahora considera necesarias?
¿Por qué ahora sí hay «argumentos y razones suficientes» y durante más de ocho años no los había?
Y hay otra pregunta que queda inevitablemente flotando después de escuchar sus propias palabras.
Sánchez no quiere revelar las conversaciones mantenidas con el jefe del Estado.
Es razonable.
Pero entonces, ¿qué sentido tiene reprochar al Rey que no haya ido a Ceuta y Melilla si, inmediatamente después, reconoce que una visita de esta naturaleza depende de una coordinación institucional con el Gobierno?
¿Quería ir el Rey y no se habían dado hasta ahora las condiciones para ello?
No lo sabemos.
Pedro Sánchez no lo aclara.
Pero sí sabemos algo.
Sabemos que Felipe VI no lleva veinte años reinando.
Lleva poco más de doce.
Sabemos que Sánchez ha sido presidente durante más de ocho de esos doce años.
Y sabemos, porque él mismo lo reconoce, que la visita del Rey a Ceuta y Melilla debe coordinarse entre la Casa Real y el Gobierno.
Por eso, el reproche de Sánchez se vuelve contra él mismo.
No se puede acusar al Rey de no haber realizado una visita y, acto seguido, reconocer que esa visita requiere precisamente de la coordinación del Gobierno que uno mismo preside desde hace más de ocho años.
No sin asumir una parte de la responsabilidad.
Quizá por eso resultó tan revelador aquel momento.
Porque durante apenas dos minutos se produjo una concentración extraordinaria de contradicciones.
El Rey lleva «más de veinte años» reinando.
No. Lleva poco más de doce.
El Rey no ha ido a Ceuta y Melilla.
Cierto.
Pero Sánchez ha sido presidente durante más de dos tercios de su reinado.
La visita se hará.
¿Y cuándo?
Cuando «se den las condiciones».
¿De quién depende?
De la coordinación entre la Casa Real y el Gobierno.
Entonces, volvamos al principio.
¿Por qué reprochar al Rey aquello que, según el propio Sánchez, depende también del Gobierno de España?
Quizá porque la pregunta permite descubrir algo más profundo.
En apenas dos minutos, el presidente del Gobierno quiso señalar al Rey.
Y acabó señalándose a sí mismo.
No fue el Rey quien quedó atrapado en la contradicción.
Fue Pedro Sánchez.
Luis Faraco.





























