viernes, 21 de agosto de 2026

MIENTRAS ESPAÑA MIRA A CEUTA Y A LAS LLAMAS.






«La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.»

— Cicerón


Hay momentos en los que la política parece escrita por el azar. Una crisis migratoria en Ceuta, unos incendios devastadores, evacuaciones, menores trasladados a la Península… y, al mismo tiempo, investigaciones judiciales que siguen avanzando y que afectan cada vez más directamente al entorno del poder.


No hace falta pensar que alguien haya provocado las primeras para advertir una evidencia política: cuando las crisis llegan, también pueden convertirse en una formidable herramienta para quien sabe administrar la agenda pública.


Y la pregunta merece hacerse.


Mientras España contempla las imágenes de Ceuta y de los incendios, el caso de Leire Díez continúa avanzando en la Audiencia Nacional. El juez José Luis Pedraz mantiene al frente de la investigación una causa en la que han ido apareciendo nuevas diligencias y nuevos protagonistas. Entre ellos, Juan Manuel Serrano, quien fuera jefe de gabinete de Pedro Sánchez y posteriormente presidente de Correos.


Su teléfono ha sido sometido a un nuevo volcado forense después de que se cuestionaran las garantías del primero. No sabemos todavía qué aparecerá en ese análisis ni sería serio anticiparlo. Pero sí sabemos algo: la Justicia sigue trabajando mientras buena parte de la opinión pública está pendiente de otras urgencias.


Y no es el único frente.


La investigación sobre Plus Ultra y el entorno de José Luis Rodríguez Zapatero continúa igualmente su recorrido. La UDEF ha intervenido documentación y dispositivos y trata de esclarecer las relaciones económicas y de influencia que rodean a la compañía.


Son investigaciones complejas, difíciles de explicar en un informativo de dos minutos. Requieren documentos, informes policiales, resoluciones judiciales y tiempo para comprenderlas.


Ceuta, en cambio, tiene imágenes.


Los incendios tienen imágenes.


Las llamas, las evacuaciones, las fronteras, las llegadas masivas, los menores, los enfrentamientos políticos… todo eso ocupa inmediatamente la pantalla.


Y ahí está quizá la cuestión más interesante.


No hace falta censurar una noticia para que pierda protagonismo. Basta con inundar la agenda de acontecimientos.


El Gobierno, naturalmente, no controla los incendios. Tampoco podemos afirmar que haya provocado la crisis de Ceuta. Hacer semejante afirmación sería irresponsable.


Pero un Gobierno sí puede decidir dónde coloca su foco político, qué mensajes amplifica, qué debates acepta y cuáles deja que ocupen el espacio público.


Y la crisis de Ceuta tiene, además, una particularidad: obliga al Partido Popular a entrar en un terreno especialmente delicado, el de la inmigración, donde Vox compite por el mismo electorado.


De repente, la discusión deja de girar exclusivamente alrededor de los problemas del Gobierno y pasa a ser otra:


¿qué hacer con los inmigrantes?, ¿qué hacer con los menores?, ¿deben regresar a Marruecos?, ¿deben ser trasladados a la Península?, ¿quién tiene la responsabilidad?


Mientras tanto, el debate sobre los procedimientos judiciales exige mucha más atención y resulta bastante menos televisivo.


Ese es el poder de la agenda.


No es necesario esconder una noticia. Puede bastar con colocar delante otras diez.


Y quizá por eso resulte especialmente significativo que todo esto suceda en agosto.


Porque agosto tiene una característica política muy peculiar: los ciudadanos siguen viviendo las crisis, pero la política institucional parece entrar en cámara lenta.


Los juzgados, sin embargo, no necesariamente.


Los procedimientos continúan.


Los informes siguen llegando.


Los teléfonos se analizan.


Los sumarios crecen.


Las diligencias avanzan.


Y septiembre llegará.


Será entonces cuando sepamos si lo que hoy parece una sucesión caótica de acontecimientos termina formando una fotografía política mucho más nítida.


Quizá estemos simplemente ante una coincidencia temporal. Es perfectamente posible.


Pero también es legítimo hacerse una pregunta:


¿Cuánto puede beneficiarse un Gobierno de que la conversación nacional esté permanentemente ocupada por crisis que desplazan del primer plano aquellas investigaciones que más directamente afectan a su entorno?


No es una acusación.


Es una pregunta.


Y en democracia, las preguntas incómodas también forman parte de la libertad.


Porque las llamas terminarán apagándose.


La frontera de Ceuta volverá algún día a ocupar menos minutos de televisión.


Los políticos regresarán de sus vacaciones.


Y entonces, cuando desaparezca el ruido, quizá descubramos qué había debajo.


«Dicen que la verdad sufre muchas veces, pero nunca puede ser extinguida.»
Tito Livio



Porque las llamas se apagan. El ruido desaparece. Pero la verdad, cuando llega su hora, vuelve a iluminarlo todo.


Luis Faraco Roldán.

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